Miquel Barceló, Cabeza de ciervoSapere aude – Habe Mut, dich deines eigenen Verstandes zu bedienen!
[¡Atrévete a saber! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento!]
Se suele decir que la Ilustración lo agitó casi todo. En cualquier caso, a lo largo del siglo XVIII se registró uno de los movimientos intelectuales más influyentes de la historia- una auténtica república europea de las letras- que contribuyó a liquidar el antiguo régimen con un programa titánico: las luces de la razón iban a erradicar la ignorancia, derrocar la tiranía, promover el progreso… algunos descreídos señalan que no se han podido honrar tantas promesas, y que a la pobre Diosa Razón la han pillado una y otra vez ofuscada por la vanidad o entregada a intereses indecorosos. En cualquier caso, la razón pasó a tener una importancia crucial en nuestra cultura y, finalmente, eso ha transformado hasta las fomas de pensar la divinidad. Rara vez se insiste en este aspecto, pero la Ilustración también produjo un nuevo gnosticismo y una sensibilidad panteista: nuestra pobre razón intentaba abordar los enigmas existenciales y el universo empírico se constituía en el objeto mismo de la búsqueda.
Poco importa aquí el carácter impreciso y paradójico de los términos que estamos utilizando. Nos referimos al "gnosticismo" sólo para destacar que se buscaba un conocimiento liberador en todos los ámbitos, incluido el espiritual; nos referimos al "panteismo" sólo para destacar que se percibía a la divinidad en el universo material. Ya en William Blake (1757 - 1827) se puede apreciar esa santificación de la naturaleza y la fe en su despliegue a partir de una polaridad primordial: "Sin contrarios no hay evolución. Atracción y repulsión; Razón y Poder; Amor y Odio, necesarios para la existencia humana. De estos contrarios surge lo que las mentes imbuidas en la religión llaman el bien y el mal. El bien es una entidad pasiva que obedece a la razón. El mal es el brote activo del poder. El bien es el cielo, el mal, el infierno…"[1] .
De pronto, el "mal" se presentaba como una "polaridad", y ya no se trataba de destruirlo sino de aprender a relacionarse con él. El impacto social de estas concepciones tal vez fuese limitado, pero su influencia sobre ciertos poetas y pensadores ha llegado hasta nuestros días. La transformación del enemigo en oponente polar, sugiere inmediatamente la idea de antítesis, incluso de complementariedad, de necesidad mútua, alude al dia y la noche, a la luz y la oscuridad, al cielo y la tierra, al hombre y la mujer... y esas nociones intuitivas apuntan a la existencia de un plano superior en el que la aproximación de los contrarios genera vértigo, placer, fruto. La divinidad supondría la unión de esos contrarios.
En todo caso, el enemigo, transformado en oponente polar, adquiere un atractivo imprevisto que Massimo Borghesi ha descrito de forma magistral, sustentándose en una batería de referencias infranqueable. Transcribo literalmente un párrafo de Borghesi sobre el surgimiento de esa atracción por la sombra ("El pacto con la serpiente: Actualidad de la antigua gnosis y sus perversiones modernas"):
"Mario Praz, (...) señala el comienzo de ese proceso en la peculiar caracterización de Satanás que John Milton nos da en su Paraíso perdido. "Fue Milton quien le dio a la figura de Satanás el encanto del rebelde indómito que pertenecía al Prometeo de Esquilo y al Capaneo dantesco". El adversario "se vuelve extrañamente hermoso". Como escribía Charles Baudelaire: « Le plus parfait type de Beauté virile est Satan –à la manière de Milton ». Frente a él, observa Harold Bloom, "el Dios de Milton es una catástrofe", al igual que el Cristo, que "es un desastre poético en el Paraíso perdido". Para William Blake "Milton se sentía incómodo escribiendo de Dios y de los Ángeles, y a su gusto escribiendo de los Demonios y del infierno, porque era un verdadero poeta, estaba de la parte del Demonio sin saberlo". Comparte la misma opinión Shelley, según la cual "Nada puede superar la energía y el esplendor del carácter de Satanás como se expresa en el Paraíso perdido (…). El demonio de Milton como ser moral es muy superior a su Dios"[2]
La inclinación de la poesía moderna hacia el lado oscuro tiene pues un antecedente en John Milton. Y aunque se trate de una obra cronológicamente lejana (El paraiso perdido se publicó en 1667), estamos ya en la Era de la Razón, y es fácil reconocer en su génesis unos desencadenantes análogos a los que se reactivarían cien años más tarde en la revolución francesa. Milton también defendió con vehemencia la libertad de conciencia contra papistas y episcopales, militó junto a Cromwell contra la monarquía, participó en el poder de una república regicida, y luego conoció la derrota, la carcel, el ostracismo... ya ciego dictaba versos que reflejaban la belleza y la dignidad de los ángeles rebeldes.
Sin embargo, a finales del siglo XVIII, y a lo largo del XIX se desarrolló un culto literario a la sombra desconocido anteriormente. Mientras iban creciendo las fábricas y las colonias, los poetas redescubrían el vértigo de integrar el mal. Algunos, como Goethe, buscando con ambigüedad y refinamiento, otros, como Rimbaud desgarrados por la desmesura. Algunos atrapados por la notoriedad, como Lord Byron, otros muertos en el anonimato, como Lautreamont. Pero todos atraidos por la fascinación del lado oscuro, la belleza de Satanás, la iluminación de Lucifer... Y el redescubrimiento de caminos que pretenden llegar al cielo pasando por el infierno.
Nuestras sociedades se han propuesto ignorar esas oposiciones tenebrosas hasta donde sea posible. Aunque no han faltado intentos de integrarlas en sistemas que suelen ser abstrusos y cándidos: para Marx, la superación de las contradicciones nos llevará al paraiso comunista; para Francis Fukuyama al paraiso liberal y para Hegel, abuelo de estas criaturas, la superación de los opuestos que anidan en cada razonamiento nos llevará a la razón absoluta, materializada históricamente en forma de estado... Qué cosas.
Sin embargo, el absoluto parece reacio a toda palabrería y la polaridad fundamental nos enfrenta con nuestra propia sombra, a través de dilemas morales, irreductibles a la especulación dialectica o social. Las oposiciones fundamentales no nacen en la sociedad ni en la razón, nacen en el alma, en cada átomo del alma. Y para asumir esa polaridad que descubre el bien y el mal en nosotros mismos, sólo podemos procurar equilibrarnos entre la razón y la emoción; entra la materia y el espíritu, entre las leyes humanas y las sobrehumanas, indagando si hay conceptos que puedan musicalizarse y emociones que puedan analizarse. Y para encontrar ese camino a través de los grandes bosques, habrá que buscar las huellas de otros montaraces, las piedras de colores extraños que nos hayan legado para no perdernos, los sueños que nos despiertan en otro mundo; en definitva, habrá que seguir los rastros de la "poesia objetiva", esa que surge sin apenas interferencias egoicas. Y desengañémonos: la "poesía objetiva" dice también las verdades sombrías.
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[1] The Marriage of Heaven, compuesto porWilliam Blake entre 1790 y 1793. texto original:
"Without Contraries is no progression. Attraction and Repulsion,
Reason and Energy, Love and Hate, are necessary to Human existence.
From these contraries spring what the religious call Good & Evil.
Good is the passive that obeys Reason. Evil is the active springing
from Energy. Good is Heaven. Evil is Hell."
[2] Las referencias de las fuentes originales en El pacto con la serpiente: Actualidad de la antigua gnosis y sus perversiones modernas", Massimo Borghessi: disponible en Internet. Artículo publicada en castellano en la Revista Internacional 30 Días en la Iglesia y en el mundo, Año XXI, No. 2, 2003. pp. 52-58.
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